Vender una empresa, conflicto moral
Lo cierto es que nunca me lo había planteado hasta que, visitando mis feeds, he estado en el blog de Martin Varsavsky, y he visto que se ha generado una grave controversia con un post de éste en formato video. Parece que Martin se ha cansado de recibir críticas acerca de las plusvalías alcanzadas por sus empresas en el momento de su venta. Al leer el post he descubierto cómo el interés de algunos emprededores descansa sobre la idea de vender, en el futuro, su emprendimiento con el valor generado. Debo decir que leo los comentarios de todos los blogs que visito con el mismo interés que el propio post pues me hace ver, de forma rápida y sencilla, un amplio abanico de opiniones. El caso es que, independientemente de lo acuerdo que pueda estar con Martin, me he preguntado: ¿Vendería yo TAOSpain? y la respuesta ha sido sencilla: si me preguntas hoy, diría sin dudar SI, pero si me preguntas hace algo más de un año te respondería con otras preguntas: ¿Estás loco? ¿Venderías tu a uno de tus hijos?.
Creo que la decisión de la venta de la empresa sólo corresponde a su dueño, ese que ha pasado horas de desvelos, todos los problemas del mundo (demasiado cercanos en el tiempo) y las penalidades propias de ir contra viento y marea. Pero en el post de Martin hay un comentario (Manuel, #95) que me ha dejado “tocado” ya que, con extrema crudeza, ha descrito algo real como el día a día:
Vas a dormir, no muchos días, sino unos cuantos meses, con todos sus días, pensando qué banco se quedará con la casa de tus hijos, porque tú tuviste un sueño y una ilusión.
Normalmente en estos casos, tu patrimonio x 3 es lo que te acabará pasando factura (¿como se lo montarán llegado el caso?).
Como se reirán aquellos que se burlaban de ti a media sonrisa cuando les explicaste tu idea (en mi caso y por el sector del que vengo y lo que he montado, os aseguro que lo mas suave que me decían era “loco”: ¿y por qué no lo ha hecho nadie antes que tú?).
En muchos casos, tu agenda social se evapora (claro, como estás loco…) a veces la profesional le sigue.
Vendes hasta tu coche, acciones, ahorros y cualquier cosa con valor que hubieras conseguido con mucho esfuerzo anterior. Renuncias a fines de semana, noches, festivos (¿recuerdas lo que era eso?) etc. Ya eres un ludópata de tu propio negocio (con todos los respetos).
Metes hasta tus calzoncillos en el asunto, con tal que tus colaboradores cobren puntualmente y tu ya has olvidado lo que es que tu cuenta deje de esfumarse día a día.
Tu además DEBES tener la cabeza clara y estar cada día diseñando y ejecutando varios “plan-B” del propio plan-B anterior.
Mantener a tu familia y a tus colaboradores al margen de sufrimientos y temores (si, si, a los propios integrantes de tu sueño e ilusión).
Como vayas de “loser” te vas en barrena. Cabeza clara, firme y apostando más que nunca. (¿qué fácil no?).
¿Os parece duro? pues no hablamos de semanas ni de meses, en mi caso, como el de muchos otros locos, son ya casi cuatro años.
Pero UN DIA, las cosas empiezan a encajar, una pieza por aquí, otra por allá. Se empieza poco a poco a recoger la cosecha. La suerte se la dejamos a quien crea en ella:
En el camino se te cruza un posible socio, con mucho ánimo y ganas. Ya no estas solo. Ya sois dos locos.
Te aparece un inversor, con ganas de compartir negocio y riesgos, mostrando afinidad a los mismo objetivos e ilusión. Un buen compañero de viaje, pero claro, has de ser capaz de quedarte hasta con un 10% de tu propio sueño….Vienen con un fuelle financiero que tu ya no eres capaz de igualar (¿os gusta el poker? Pues es como si invitarás a alguien nuevo al final de la partida que estás perdiendo).
Si encima llegas a break-event. Los inversores acechan….a cual mas complejo y definitivo. Os esperan muuuuchas más noches sin dormir.
Al final de todo esto:
A) Vendes tu negocio por un buen precio, a uno o varios socios/inversores. El negocio empieza a crecer y funcionar. (aunque ya no lo controles). Puede ser que cierres etapa y te dediques a otra cosa o te conformes disfrutando del nuevo escenario, pero en cualquier caso, todo el mundo te tachará de espabilado oportunista, “que suerte has tenido c…”. “Que golfo, monta un negocio y coge la pasta”
B) Retrocedes tres años, coges tu piso, lo vendes con unas plusvalías del 300% y todo el mundo te admira por tu capacidad y visión de negocio. Diría aquello de “algo no funciona en este país”, pero creo que es más general de lo que nos pensamos.
Marzo 10, 2008 en 10:08 pm
Buen post. Es cierto que aquí la actividad emprendora no suele ser bien vista por la sociedad en general… a no ser que ya seas millonario. En general, los españoles le tienen un miedo atroz al riesgo, con los padres siempre intentando inculcar en sus hijos la “vocación” por ser funcionario. Triste.
Como bien dices, en este país, al contrario que en otros –donde realmene se motiva y potencia la actividad emprendedora–, eres un loco hasta que las cuentas no demuestren lo contrario. Yo no tengo una empresa, pero entiendo lo que conlleva una venta y si las condiciones fuesen buenas, ¿por qué no hacerlo? El colmo ya es ser tachado de oportunista… cuando normalmente el emprendedor apuesta *todo lo que tiene* en su idea. Es lógico, a grandes riesgos, grandes pérdidas o beneficios..
Marzo 11, 2008 en 8:00 am
Supongo que ha contribuido mucho nuestra mentalidad del “pelotazo”, como bien dice Martin.